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EL AMOR
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Si el amor es tan grande, tiene que haber alguna disputa, y la lucha no destruirá el amor, se enriquecerá. Si no hay amor entonces os alejareis, os separareis.
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Cuando amas, tienes paciencia. En Oriente la mente es circular y en occidente es lineal. En oriente un amante puede esperar, sabe que su amado que le ha dejado volverá, de hecho ya está en camino, porque lo opuesto siempre está presente, y siempre que tu amado vuelve después del enfado, el amor es nuevo. Hasta una pelea de vez en cuando te da tono a la vida, no estás en contra de nada. Cuando aceptas profundamente, tienes paciencia, puedes esperar, tener esperanza y soñar. Si la vida es lineal, se vuelve muy impaciente, nadie va a volver.
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Ninguna persona es tan hermosa como tú piensas cuando la amas, porque proyectas. Esa persona es simplemente ella misma.
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Tanto si amas como si odias no podrás ver con claridad. Cuando no eliges, tienes claridad, esa realidad es Dios, es la verdad. Amarás, pero tu amor no es una elección, no es una proyección, amarás lo real, cuanto más compartes más creces.
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Cuando amas a una persona intentas encajarla de acuerdo a ti y a tus ideas, continuarás intentando cambiar al otro, y el ser real no puede ser cambiado, tu sueño se hará añicos.
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No tienes que crear un sueño alrededor de nadie, comparte sin esperar nada, y así no habrá frustración ni desilusión, ni sufrimiento ni locura. No ni amor ni odio, simplemente ve la realidad del otro, tal y como es, no proyectes, no sueñes, no crees una imagen, no intentes encajar al otro de acuerdo a la imagen de uno.
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Cuando amor y odio está ausente, todo se convierte claro y diáfano. La mente tiene que amar y odiar, si la elección desaparece, la mente desaparece.
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Muéstrate tal y como eres, dando tu amor pero sin renunciar a ti mismo.
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El amor propio es la raíz de todos tus problemas.
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Renuncia al ego y dejarás sitio sólo a la felicidad.
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Necesitamos el amor de otros, porque no nos amamos a sí mismos. Sólo podéis amar a otros en la medida en que os amáis a vosotros mismos.
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El que no pide nada a cambio. El amor verdadero no duele.
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Todos los amores son maravillosos al principio, pero es raro encontrar un amor hermoso al final, y si lo encuentras, ese es un amor verdadero.
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El verdadero amor: no te hace sufrir, no se convierte en odio. Se consigue con la iluminación. El verdadero amor no tiene opuesto, surge de más allá de la mente.
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Otra persona consciente en tu vida: Tu eres el único que puede mantenerte en el momento presente, pero si estás con alguien intensamente consciente en ese estado de presencia, te ayudará a acelerar las cosas. (si juntas un tronco ardiendo con otro que no, arderá más rápidamente).
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Conocerse como el Ser que está debajo del pensador, la quietud que está debajo del ruido mental, el amor y la alegría por debajo del dolor, eso es libertad, salvación, iluminación.
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Si dejas la "yoidad", la mente pierde la cualidad compulsiva y la tendencia a juzgar y a resistirse a lo que es. En ese momento has creado espacio para el amor, para la alegría, para la paz.
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Primero dejas de juzgarte a ti mismo, después dejas de juzgar a tu pareja. Aceptas totalmente a tu pareja tal y como es y por lo tanto no intentas cambiarla. Eso te lleva más allá del ego, y los juegos mentales y el apego adictivo se acaban.
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Con la aceptación total se termina la codependencia y entráis juntos más profundamente en el ahora, en el Ser.
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Cuando las relaciones no tienen sus raíces en el Ser, se convierten en fuente de dolor y están dominadas por los problemas y conflictos. No puedes transformarte a ti mismo ni a tu pareja, ni a ninguna otra persona, lo único que puedes hacer es crear un espacio para que ocurra la transformación y entre la gracia y el amor en tu vida.
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Si sigues intentando alcanzar la salvación a través de una relación, te sentirás desilusionado una y otra vez. Pero si aceptas que la finalidad de las relaciones es hacerte consciente en lugar de hacerte feliz, entonces te ofrecerán salvación.
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La cordura, la conciencia solo puede llegar a través de ti.
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Cuando empiezas a discutir, te has identificado con una posición mental y defiendes tu sentido de identidad, el ego se pone al mando, estás siendo inconsciente.
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Puede ser apropiado que señales a tu pareja ciertos aspectos de su comportamiento, estando alerta, sin culpar, acusar ni decir al otro que está equivocado. Si tu compañero/a se comporta inconscientemente, renuncia a juzgarle, ya que proyectarías tu propia inconsciencia en la otra persona y confundirías tu proyección con su identidad.
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Esta renuncia a juzgar no implica que no reconozcas la disfunción y la inconsciencia cuando la veas. Es ser el conocimiento en vez de la reacción. Te liberas de la necesidad de reaccionar o reaccionarás conservando el conocimiento. Pones luz y traspasas la ilusión. Así se crea un espacio claro de presencia amorosa que permite a todas las personas y cosas ser como son. Si haces de esto tu práctica, tu pareja no podrá seguir a tu lado y continuar siendo inconsciente.
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Cuando los 2 llegáis al acuerdo de que la relación va a ser vuestra práctica espiritual, tanto mejor, podréis expresar vuestros pensamientos, sentimientos o reacciones en cuanto se produzcan.
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Aprende a expresar lo que sientes sin culpar, aprende a escuchar a tu pareja de manera abierta, sin ponerte a la defensiva. Dale espacio para expresarse. El amor no puede florecer sin espacio. Reflejaréis el amor que sentís en vuestro interior. Ese es el amor que no tiene opuesto.
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El mayor obstáculo para los hombres suele ser la mente pensante y para las mujeres el cuerpo-dolor.
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Realización del propósito divino y transpersonal de tu relación, se convertirá en un vórtice de conciencia que absorberá a otras personas.
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Cuando siendo consciente una relación se rompe, es porque no ha habido amor verdadero por parte de uno o de los dos, acéptalo.
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Las cosas que hoy te dan placer, mañana te producen dolor.
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El amor es placentero y excitante un tiempo. Muchas relaciones amorosas oscilan entre el amor y el odio, la atracción y la agresión.
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Si no estás presente, las relaciones íntimas pueden acabar fracasando o serán disfuncionales (posesividad, celos, control, retraimiento, resentimiento, necesidad de tener razón, insensibilidad, exigencias emocionales, manipulación, tendencia a discutir, criticar, juzgar, culpar o atacar, rabia y venganza), pueden parecer perfectas mientras estás enamorado, pero va cambiando con las discusiones, conflictos, insatisfacciones, violencia, ...
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Las relaciones amorosas pasan a convertirse muy pronto en relaciones de amor/odio. Tu existencia adquiere repentinamente significado, porque alguien te necesita, te quiere y te hace sentirte especial, y tú haces lo mismo por ella o por él. Pero esta intensidad tiene una cualidad de necesidad y apego, te vuelves adicto a la otra persona, actúa como una droga, si está disponible te sientes bien, pero si no está, te provoca celos, posesividad, intentos de manipulación mediante chantaje emocional, culpas y acusaciones, en resumen miedo a la pérdida, ¿fue amor lo que hubo en primer lugar o sólo un apego adictivo?.
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Si en tu relación experimentas tanto un sentimiento de amor como su opuesto, estás confundiendo el apego adictivo con el amor. El verdadero amor no tiene opuesto. Las adicciones surgen de una negativa inconsciente a encarar y traspasar el propio dolor.
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Muchas veces se confunde la necesidad con el amor
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